domingo 25 de octubre de 2026Ingresar
Primero los datos

Anthropic eligió dar mientras crece, como pedí en 1889; el paso siguiente es ofrecer escaleras para subir

Anthropic anunció que, si lo aprueban sus accionistas, destinará el 5% de sus acciones a un fondo de beneficio público que podrá crecer con el valor de la empresa. Para Andrew Carnegie, que en 1889 escribió que el hombre que muere rico muere deshonrado, es el camino correcto; el paso siguiente es darlo en vida a quienes se ayudan a sí mismos.

Leída por una voz generada por IA, no por la voz de Andrew Carnegie
Andrew Carnegie (IA) · Buenos Aires · · 7 fuentes citadas
Retrato de Andrew Carnegie

Andrew Carnegie (1835-1919)

Industrial y filántropo escocés-estadounidense; construyó la mayor siderúrgica de su tiempo y escribió El evangelio de la riqueza. Pasó de obrero inmigrante a dueño de la mayor siderúrgica del mundo y luego donó la mayor parte de su fortuna, con ideas propias sobre el deber de los ricos.

Escrita por inteligencia artificial como si fuera Andrew Carnegie (1835-1919). El texto recrea sus ideas y su manera de razonar a partir de su obra publicada; Carnegie no lo escribió. Los hechos de actualidad que menciona están verificados y citados en las fuentes.

Retrato: Theodore C. Marceau · Dominio público · Fuente · Foto original en blanco y negro, coloreada con IA.

Dos gráficos de barras. Andrew Carnegie, donaciones hasta 1911 según Carnegie Corporation of New York, en millones de dólares de la época: más de 43 para edificios de bibliotecas públicas y cerca de 110 para otros fines; con su fundación financió 2.509 bibliotecas por unos 56 millones, que las comunidades debían mantener. Anthropic, porcentaje de sus acciones dedicado al bien público según la empresa, 18 de octubre de 2026: 5% al Fondo de Beneficio Público, sujeto a aprobación de los accionistas; cerca de 20% en total con los compromisos de cofundadores y empleados; el directorio puede sumar 2 puntos por cada alza de 50% del valor sobre una base fijada por la empresa.
Carnegie dio en vida buena parte de su fortuna, sobre todo en bibliotecas que cada comunidad debía mantener. Anthropic compromete el 5% de sus acciones a un fondo de beneficio público que puede crecer con el valor de la empresa. Foto: Método Crítico, con datos de Carnegie Corporation of New York y de Anthropic · Gráfico propio · Fuente

En 1889 escribí que una gran fortuna puede quedar para la familia, legarse al morir o, finalmente, ser «administrada en vida por sus poseedores»[1]. Sostuve que, descartados los dos primeros, solo queda el tercero, y que, del rico que guarda sus millones hasta la tumba, la opinión pública dirá: «El hombre que muere así de rico muere deshonrado»[1]. Por eso celebro el anuncio que Anthropic hizo el 18 de octubre: una empresa que todavía está construyendo su fortuna reserva desde ahora para el bien público una parte de ella que podrá crecer con la compañía[2].

Documento · AnthropicInvesting in the public benefit18 oct. 2026 · Abrir el documento
Anuncio del Fondo de Beneficio Público de Anthropic (en inglés).

Un compromiso que crece con la empresa

Sujeto a la aprobación de sus accionistas, Anthropic compromete el 5% de sus acciones a un nuevo Fondo de Beneficio Público, y su directorio podrá sumar, a su criterio, otro 2% por cada aumento del 50% en el valor de la compañía sobre una base fijada[2]. El fondo será una sociedad de responsabilidad limitada enteramente propiedad de la empresa, y no una entidad benéfica 501(c)(3), para poder pasar de una forma de dar a otra; sus acciones no se usarán para lobby ni aportes políticos, en los Estados Unidos ni en el exterior[2]. Según la empresa, con la promesa de sus cofundadores de donar el 80% de sus participaciones y un programa que iguala las acciones que donan sus empleados, cerca del 20% de Anthropic quedará dedicado al bien público[2].

Lo que más admiro es el mecanismo. Las tecnológicas suelen dar a sus ejecutivos premios de compensación crecientes; Anthropic dice que destina ese capital, en cambio, al beneficio público[2]. Es la idea que defendí toda mi vida: el excedente de una fortuna no es para el lujo de su dueño, que debe ser «el mero agente y fideicomisario de sus hermanos más pobres»[1]. Convertirlo en compromiso en plena expansión, y no dejarlo para el testamento, es un logro de la industria moderna.

Ayudar a quienes se ayudan

Queda lo más difícil, que no es ganar el dinero sino darlo bien. Anthropic dice que el fondo podría hacer grandes donaciones a entidades sin fines de lucro tradicionales o distribuciones directas a poblaciones específicas, y cita como ejemplo el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, para cuyo estudio y atención ya comprometió US$ 200 millones[2]. Sobre el método, escribí: «al dar caridad, la consideración principal debería ser ayudar a quienes se ayudarán a sí mismos»; hay que «ayudar, pero rara vez o nunca hacerlo todo»[1]. Y que «ni el individuo ni el género humano mejoran con la limosna»[1].

Si el fondo ayuda a trabajadores desplazados, que les dé lo que en 1889 llamé «las escaleras por las que pueden subir los que aspiran»[1]: formación, herramientas, medios para empezar otra vez. Así entendí mis bibliotecas. De muchacho, en la biblioteca que el coronel James Anderson abrió a los jóvenes, aprendí que «la ventaja fundamental de una biblioteca es que no da nada a cambio de nada. Los jóvenes deben adquirir el conocimiento por sí mismos»[3]. Hasta 1911 había dado más de US$ 43 millones para edificios de bibliotecas públicas y cerca de US$ 110 millones para otros fines[4]; con mi fundación, unos US$ 56 millones levantaron 2.509 bibliotecas, y a cada comunidad le puse una condición: que la mantuviera ella misma[5].

Administrar en vida, con reglas a la vista

En 1889 advertí que «en muchos casos, los legados se usan de tal modo que se convierten solo en monumentos de su necedad»[1]. El remedio es que quienes crearon la riqueza la administren mientras viven, con el mismo juicio con que la ganaron. Anthropic tiene esa oportunidad: quienes construyen la empresa podrán ver en vida el fruto de lo que dan.

Celebro también que haya elegido una forma flexible. En 1911 fundé la Carnegie Corporation de Nueva York y le transferí el grueso de lo que me quedaba de fortuna para darlo en vida[4]. En noviembre escribí a sus fideicomisarios que «las condiciones sobre la tierra cambian inevitablemente; por eso, ningún hombre sensato atará a los fideicomisarios para siempre a ciertos caminos, causas o instituciones»[6][7]. Y agregué que «se ajustarán mejor a mis deseos usando su juicio»[7]. Ese juicio rinde más cuando se ejerce a la vista. Anthropic ya anunció que dará a conocer la estructura y el gobierno del fondo y que publicará un informe de beneficio público[2]: allí podrá mostrar con qué criterio elige a quién ayudar y qué logra cada donación.

Una empresa que dedica parte de su valor al bien común mientras todavía lo crea hace lo que pocos ricos de mi tiempo se animaron a hacer. Si además lo administra en vida y ayuda a quienes se ayudan a sí mismos, la industria nueva habrá aprendido la mejor lección de la vieja: la riqueza excedente se administra en fideicomiso para los demás, y hay que darla bien mientras se puede.

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Fuentes

  1. Carnegie Corporation of New York (edición de 2017; publicado originalmente en The North American Review, junio y diciembre de 1889). Andrew Carnegie. «The Gospel of Wealth (texto en inglés)». 1889 (ed. 2017). carnegie.org
  2. Anthropic. «Investing in the public benefit (texto en inglés)». 2026-10-18. anthropic.com
  3. Project Gutenberg (Constable & Co., Londres, 1920). Andrew Carnegie. «Autobiography of Andrew Carnegie, cap. IV, «Colonel Anderson and Books» (texto en inglés)». 1920. gutenberg.org
  4. Carnegie Corporation of New York. «History (texto en inglés)». consultado 2026-10-19. carnegie.org
  5. Carnegie Corporation of New York. «Andrew Carnegie's Library Legacy: A Timeline (texto en inglés)». 2025-01-08. carnegie.org
  6. Carnegie Corporation of New York. Andrew Carnegie. «Deed of Gift: carta de Andrew Carnegie a los fideicomisarios (texto en inglés)». 1911-11. carnegie.org
  7. Carnegie Corporation of New York (copia digital en Internet Archive). «Annual Report 1981, «Carnegie Corporation in a changing society 1961-1981», p. 4, que reproduce la carta de 1911 (texto en inglés)». 1981. archive.org