Para ir a Marte con sensatez, primero hay que fallar en Houston
Cuatro voluntarios salieron del hábitat de la NASA que simula Marte después de 378 días de demoras, escasez y fallas puestas a propósito. Carl Sagan sostiene que ensayar el fracaso en la Tierra es lo que convierte el viaje a Marte en una empresa racional y no en una temeridad.

Carl Sagan (1934-1996)
Astrónomo y divulgador estadounidense, autor de Cosmos y El mundo y sus demonios. Acercó la ciencia al gran público y defendió el escepticismo como herramienta para distinguir el conocimiento de la pseudociencia.
Escrita por inteligencia artificial como si fuera Carl Sagan (1934-1996). El texto recrea sus ideas y su manera de razonar a partir de su obra publicada; Sagan no lo escribió. Los hechos de actualidad que menciona están verificados y citados en las fuentes.
Retrato: NASA/JPL · Dominio público · Fuente
El sábado 31 de octubre, a las 16 de la Argentina, la NASA transmitió en vivo la salida de cuatro voluntarios que habían pasado 378 días encerrados en un hábitat impreso en 3D de unos 1.700 pies cuadrados (cerca de 158 metros cuadrados) en el Centro Espacial Johnson[2][8]. Ross Elder, Ellen Ellis, Matthew Montgomery y James Spicer habían entrado el 19 de octubre de 2025 y vivieron un año como si estuvieran en Marte: cultivaron plantas, hicieron caminatas con trajes espaciales sobre arena roja y se comunicaron con sus familias sólo por correo electrónico, con una demora como la de Marte[1][3]. No fueron a ninguna parte y, sin embargo, creo que es uno de los viajes más sensatos que nuestra especie ha emprendido hacia el planeta rojo.
Un planeta sobre el que proyectamos
Hace casi medio siglo escribí en Cosmos que Marte se había convertido en «una especie de escenario mítico» sobre el que proyectábamos nuestras esperanzas y nuestros temores terrenales[9]. Las dos cosas son peligrosas cuando se trata de mandar gente. La esperanza sin datos produce temeridad; el temor sin datos produce parálisis. Lo que separa una aventura irresponsable de una exploración racional no es el coraje de la tripulación: es cuánto sabemos, antes de partir, sobre lo que puede salir mal.
Por eso me interesa menos la ceremonia de salida que lo que pasó adentro. Según la agencia, la misión debía estudiar cómo responde la tripulación al acceso limitado a recursos, al aislamiento prolongado, a demoras de comunicación de 22 minutos y a fallas de equipos[3]. Las fallas eran simuladas, puestas a propósito: el ensayo no consistía en que todo saliera bien, sino en ver qué hacen cuatro personas cuando algo se rompe[4]. En mayo, cuando cumplieron 200 días, pasaron dos semanas sin contacto con el control de misión, como ocurrirá cuando Marte quede detrás del Sol, y trabajaron sólo con procedimientos preparados y con lo que tenían a mano[4]. «Tener recursos limitados, sean herramientas, equipos, software, insumos o no tener internet, acota mucho lo que uno tiene para resolver problemas», dijo Montgomery[4].
Imaginar lo peor para evitarlo
En «Los sueños son mapas», un artículo de 1987 reeditado en 1992, escribí que no me parecía irresponsable describir incluso los futuros más sombríos: «si queremos evitarlos, tenemos que entender que son posibles»[10]. Lo dije pensando en la guerra nuclear y en el deterioro del planeta, pero el principio vale igual para una nave. Un desperfecto que se descubre en Houston, con un hospital a minutos de distancia, es una lección. El mismo desperfecto descubierto a decenas de millones de kilómetros, con mensajes que pueden tardar más de veinte minutos en llegar, puede ser una tragedia. Cada cañería que esta tripulación tuvo que destapar, cada agujero que cosió en un mono de vuelo y cada día que pasó sin respuesta de la Tierra[4][5] es un problema que ya no tendrá que estrenarse en Marte.
La ciencia avanza así: no por la confirmación de lo que deseamos, sino por la búsqueda paciente de lo que puede refutarnos. Un vuelo tripulado a Marte es, entre otras cosas, una hipótesis, la de que seres humanos pueden sostenerse sanos y productivos durante años lejos de casa, y las hipótesis se ponen a prueba antes de apostar vidas a ellas.
Lo que todavía falta
Conviene, sin embargo, no confundir el ensayo con el resultado. Cuatro personas son una muestra pequeña, y la propia investigadora principal, Grace Douglas, explicó que las misiones se mantienen parecidas a propósito porque hay que mirar varias tripulaciones para que las conclusiones sean generalizables y no propias de un grupo[5]. La primera misión terminó el 6 de julio de 2024[6]; con la segunda habrá, por fin, dos conjuntos completos de datos[5]. Michael Stenger, científico jefe del Programa de Investigación Humana de la NASA, dijo que la misión fue «increíblemente valiosa para empezar a enseñarnos» los requisitos de una misión de un año[1]. Es una afirmación razonable, pero es la agencia hablando de su propio experimento: su valor se medirá por los datos que se publiquen y por cuánto resistan el examen de otros científicos.
Y el ensayo no termina aquí. En julio, la NASA abrió la convocatoria para otra misión de un año, que empezará no antes de agosto de 2027 y que usará otro hábitat de la agencia, el HERA, como nave para simular los vuelos de ida y vuelta[7]. Es la secuencia correcta: primero se ensaya la estadía, después el trayecto, y sólo al final se arriesga a una tripulación de verdad.
Visitar, todavía no colonizar
En Un punto azul pálido escribí que no hay ningún otro lugar, al menos en el futuro cercano, al que nuestra especie pueda migrar: «Visitar, sí. Colonizar, todavía no»[11]. Sigo pensándolo. Marte no es un bote salvavidas para una humanidad que descuida su único hogar; es un mundo de maravillas que merece ser explorado con cuidado. En «Los sueños son mapas» también admití que avanzamos a los tropezones, con desvíos y faltas de coraje[10]. La NASA lleva ya dos misiones de un año de tropezones deliberados, buscados y anotados en Houston. Si alguna vez una tripulación pisa Marte y vuelve, buena parte del mérito será de quienes se pasaron un año fallando a propósito en la Tierra, para que ellos no tuvieran que hacerlo allá.
Multimedia y documentos
Fuentes
- NASA. HRP Communications Team. «NASA’s Simulated Mars Crew Marks One Year Inside Habitat». 19 oct. 2026. nasa.gov
- NASA. Lauren E. Low. «NASA Invites Media to Crew Completion of Yearlong Mars Simulation (Media Advisory M26-083)». 27 oct. 2026. nasa.gov
- NASA. HRP Communications Team. «CHAPEA Crew Begins Stay Inside NASA’s Mars Habitat for Second Mission». 25 nov. 2025. nasa.gov
- NASA. HRP Communications Team. «NASA’s Simulated Mars Mission Marks 200 Days Inside Habitat». 7 may. 2026. nasa.gov
- NASA, Houston We Have a Podcast. Kenna Pell. «CHAPEA 2: Audio Log 4 (episodio 442, con transcripción)». 23 oct. 2026. nasa.gov
- NASA. «Crew Health and Performance Exploration Analog (CHAPEA)». consultado el 1 nov. 2026. nasa.gov
- NASA. Lauren E. Low. «NASA Seeks Volunteers for New Yearlong Simulated Moon, Mars Mission». 1 jul. 2026. nasa.gov
- NASA Johnson (YouTube). «CHAPEA Mission 2 Egress Event (transmisión en vivo)». 31 oct. 2026. youtube.com
- Random House. Carl Sagan. «Cosmos, capítulo V, «Blues for a Red Planet» (texto en inglés)». 1980. penguinrandomhouse.com
- The Planetary Society, The Planetary Report. Carl Sagan. «Dreams Are Maps (vol. XII, n.º 5, págs. 20-23; texto de 1987, actualizado; en inglés)». 1992. planetary.s3.amazonaws.com
- The Planetary Society. Carl Sagan. «A Pale Blue Dot (fragmento de Pale Blue Dot, Random House, 1994; texto en inglés)». 1994. planetary.org