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Primero los datos

Mudar una cárcel no es reformarla

El traslado de los presos de Devoto a Marcos Paz muestra lo que puede un Estado central cuando decide. Falta lo que ningún edificio garantiza: separar a quien espera juicio del condenado, ocupar al preso y rendir cuentas con números.

Leída por una voz generada por IA, no por la voz de Alexis de Tocqueville
Alexis de Tocqueville (IA) · Buenos Aires · · 4 fuentes citadas
Retrato de Alexis de Tocqueville

Alexis de Tocqueville (1805-1859)

Pensador e historiador francés, autor de La democracia en América y El Antiguo Régimen y la Revolución. Analizó como nadie las fortalezas y los peligros de la democracia, desde la tiranía de la mayoría hasta la concentración del poder en el Estado central.

Escrita por inteligencia artificial como si fuera Alexis de Tocqueville (1805-1859). El texto recrea sus ideas y su manera de razonar a partir de su obra publicada; Tocqueville no lo escribió. Los hechos de actualidad que menciona están verificados y citados en las fuentes.

Retrato: Théodore Chassériau · Dominio público · Fuente · No es una fotografía: recreación con IA, al estilo de una foto actual, a partir de el retrato pintado por Théodore Chassériau (1850).

La ministra de Seguridad Nacional informó el primer día del traslado, con el video oficial del operativo.

En 1831 recorrí con Gustave de Beaumont las penitenciarías de los Estados Unidos, por encargo del gobierno francés, y dos años después publicamos lo que habíamos aprendido. Desde entonces creo que las prisiones de un pueblo dicen de él tanto como sus leyes. Por eso sigo con atención lo que ocurre estos días entre Villa Devoto y Marcos Paz.

El jueves 8 de octubre, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva; el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, firmaron el acta de recepción provisoria del Complejo Penitenciario Federal VIII, en Marcos Paz, que alojará a las personas detenidas hoy en Devoto. Para la mudanza, el Ministerio de Seguridad Nacional creó un Comando Unificado Federal que reúne al Servicio Penitenciario Federal y a las fuerzas federales de seguridad, bajo la coordinación general del director nacional del Servicio[1]. El domingo 11, primera jornada del operativo, las cinco fuerzas federales trasladaron a 326 presos, según informó la ministra[2].

De Devoto a Marcos Paz [1]
  1. 8 oct. 2026Karina Milei, Alejandra Monteoliva, Diego Santilli y Jorge Macri firman el acta de recepción provisoria del Complejo Penitenciario Federal VIII; se crea un Comando Unificado Federal para el traslado.
  2. 11 oct. 2026Primera jornada del operativo: las cinco fuerzas federales trasladan 326 presos de Devoto a Marcos Paz.
Documento · Gobierno de la República ArgentinaNación y Ciudad firmaron el traspaso de la cárcel de Devoto8 oct. 2026 · Abrir el documento
El comunicado oficial sobre la firma del acta y el Comando Unificado Federal.

Lo que puede el poder central

Es una obra del poder central, y no la desprecio. Al estudiar el régimen penal inglés, Beaumont y yo escribimos que, cuando el gobierno ha resuelto un cambio, «la centralización le da grandes facilidades para ejecutarlo», aun cuando la opinión pública no lo reclame[3]. Mover cientos de detenidos en un día, con cinco fuerzas bajo una sola coordinación, es una prueba de esa facilidad, y trasladar presos con seguridad es un deber elemental del Estado. Pero en la misma página advertimos el reverso: cuando es la opinión pública la que pide una innovación, basta que los agentes del gobierno no la favorezcan para que no se haga[3]. La mudanza la decidió el gobierno; la reforma de lo que ocurre adentro dependerá de que alguien, desde afuera, la siga reclamando.

Siempre distinguí, además, entre la centralización del gobierno, sin la cual una nación no puede prosperar, y la centralización de la administración, que, escribí, solo sirve «para enervar a los pueblos que se someten a ella, porque tiende sin cesar a disminuir entre ellos el espíritu de ciudadanía»[4]. El traslado es tarea del poder central; la vida de la prisión en los años que vienen necesitará además la mirada de los jueces, de las familias, de los defensores y del público.

El despotismo detrás de los muros

Hay una razón más profunda para esa vigilancia. Beaumont y yo escribimos que, mientras la sociedad de los Estados Unidos daba el ejemplo de la libertad más extensa, sus prisiones ofrecían «el espectáculo del más completo despotismo»[3]. No lo dijimos como reproche: aquel régimen era severo, y lo juzgamos legítimo para quienes habían dejado de ser libres por violar la ley. Pero precisamente porque dentro de los muros el poder es casi absoluto, la ley y la publicidad deben acompañarlo hasta la puerta de cada celda.

Esa severidad tiene, además, un límite. Quienes esperan juicio, recordamos, «son a veces inocentes», y mezclarlos entre sí «es necesariamente confundir el crimen con la inocencia» y exponer a esta a una contaminación de la que debe ser preservada[3]. La corrupción que nace del trato de los condenados entre sí en una prisión común nos parecía un hecho tan probado que no necesitaba demostración[3]. Un complejo nuevo es la ocasión de hacerlo bien desde el principio: separar al procesado del condenado, impedir que la noche reúna a los detenidos para enseñarse el delito y llenar el día con trabajo e instrucción. Un edificio, sin embargo, no es un sistema penitenciario: el sistema es la disciplina que se practica adentro.

Hábitos, no milagros

No prometo milagros. Dudamos de que la prisión convirtiera a los criminales en hombres virtuosos y nos conformamos con una ambición más modesta y más útil: «Quizá al salir de la prisión no sea un hombre honesto, pero ha contraído hábitos honestos»[3]. Con ese patrón deberá juzgarse Marcos Paz dentro de diez años, y no por la eficacia de una mudanza.

Para juzgarlo hacen falta números. Por eso acompañamos nuestro estudio con notas estadísticas[3]: una reforma penitenciaria se mide por cifras sostenidas en el tiempo, no por el entusiasmo de su primer día. El comunicado del 8 de octubre no informa la capacidad del complejo[1]. Sería un buen comienzo que el Servicio Penitenciario Federal publicara, con regularidad, cuántos internos aloja cada unidad, cuántos esperan sentencia, cuántos trabajan o estudian y cuántos vuelven a delinquir después de salir.

Tampoco conviene que el Estado cargue solo con la tarea. En los Estados Unidos, las primeras casas de refugio para jóvenes delincuentes se levantaron en Nueva York en 1825, en Boston en 1826 y en Filadelfia en 1828, y escribimos que allí podía juzgarse «cuán grande es, en los Estados Unidos, el poder de la asociación»[3]. Las asociaciones de ciudadanos que visitan presos, enseñan oficios o ayudan al liberado a conseguir trabajo no compiten con el Estado: hacen lo que ninguna administración puede hacer desde lejos.

El traslado de Devoto puede ser el comienzo de una reforma o solo un cambio de domicilio. La diferencia no la marcará la jornada del domingo, sino lo que la ley, los ciudadanos y la estadística exijan durante los próximos años.

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Fuentes

  1. Argentina.gob.ar (Jefatura de Gabinete / Ministerio de Seguridad Nacional). «Nación y Ciudad firmaron el traspaso de la cárcel de Devoto». 8 oct. 2026. argentina.gob.ar
  2. X. Alejandra Monteoliva (@AleMonteoliva). «"DE DEVOTO A MARCOS PAZ | DÍA 1" (con video oficial del operativo)». 11 oct. 2026. x.com
  3. Internet Archive (ed. de Charles Gosselin, París). Gustave de Beaumont y Alexis de Tocqueville. «Système pénitentiaire aux États-Unis et de son application en France; suivi d'un appendice sur les colonies pénales, et de notes statistiques (3.ª ed.; 1.ª ed., 1833)». 1845. archive.org
  4. Internet Archive (ed. de Michel Lévy frères, París). Alexis de Tocqueville. «De la démocratie en Amérique, tomo I (1.ª ed., 1835), parte I, cap. V». 1868. archive.org